Importancia de la memoria histórica y cultural para entender la dignidad humana

Publicado por MarketingPolitico en

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Para toda sociedad y culturas, la memoria histórica y cultural es la resistencia al olvido y la recuperación del pasado para identificar y establecer de dónde venimos, quiénes somos y cómo proyectamos nuestro horizonte futuro.

¿Qué es la memoria histórica y cultural?

La memoria histórica se convierte en el aliciente de procesos y acontecimientos que determinaron la concepción de las sociedades y su relación con la naturaleza, la economía y fijaron los principios y valores de la dignidad humana.

Además, construyeron una memoria colectiva y social que ha guiado de manera consciente o inconsciente las prácticas culturales y de representación que determinan la forma de interpretar y comprender el mundo, a partir de espacios, tiempos, objetos, el lenguaje, la música, entre otros; lo que Maurice Halbwachs denominó como “marcos sociales de la memoria”.

Ese tipo de memoria colectiva también hace parte de la memoria familiar donde se configuran procesos del recuerdo y la construcción misma del pasado y el presente, que regulan el comportamiento individual y social.

Discursos dominantes que construyen la memoria colectiva

Ahora bien, se puede presentar dentro de la memoria colectiva discursos dominantes que imperan sobre otros, es decir, recuerdos y relatos que aglomeran a otros que son más individuales o familiares, pero que hacen parte del colectivo social e imaginarios de la memoria.

Sin embargo, la memoria histórica y cultural, a pesar de ser importante para las sociedades y para la compresión misma de la interpretación que realizan las personas sobre sus realidades y frente a la construcción de su identidad que permite el reconocimiento y apoderamiento local, especialmente en el sur de Colombia, existen escasos procesos y proyectos que se preocupen por dinamizar y revitalizar la memoria histórica y cultural.

¿La memoria histórica muere con quienes la vivieron?

Las consecuencias de no revitalizar la memoria histórica, por ejemplo, implica dar paso al olvido de un periodo y una generación que constituyó y determinó, la memoria colectiva y la continuidad del presente, un presente que no tiene elementos físicos para consultar o para validar los marcos sociales de la memoria, debido a que quienes conocen de la memoria histórica mueren y no dejan pistas de su experiencia y vivencia.

Es decir, la memoria histórica muere con quienes la vivieron sino existen elementos físicos que den cuenta de ello o que se conviertan en repositorios de memoria para que las generaciones próximas consulten y comprendan el génesis de su memoria colectiva, y la pluralidad de su memoria cultural.

Gestionar y producir contenidos sobre memoria histórica

No se trata, de inmortalizar la memoria histórica siguiendo las técnicas de los historiadores, sino de gestionar y producir contenidos que, por un lado, sirvan como retenedores de esa memoria y como mecanismo de reconocimiento de quienes vivieron un tiempo, un espacio y un lenguaje dentro de un lapso de tiempo determinado.

Es decir, la apuesta, entonces, es dejar a un lado la concepción de que existe un límite para dar cuenta de los acontecimientos o de las personas que hicieron parte de esa memoria histórica de manera directa, especialmente, de los sectores rurales y alejados de los centros y capitales, que siempre han sido los referentes históricos dominantes que por lo general constituyen la memoria colectiva.

La idea es que la memoria colectiva continúe su curso, pero con alicientes base que permitan fortalecer la identidad de las comunidades a partir de lo propio y que, al mismo tiempo, se dé valor a aquello que parece no tenerlo porque se ha naturalizado o porque está en las comunidades rurales, las cuales aprendieron a partir de la experiencia o recibieron esos conocimientos como herencia generacional.

La apuesta es posibilitar y validar discursos insurgentes locales que vayan en contra de los discursos históricos dominantes y que permitan entender el territorio rural como lugares donde se construye conocimiento a partir de las experiencias pasadas y presentes de sus habitantes.

Es decir, la prioridad son los más viejos quienes tienen relatos fantásticos de la memoria histórica y quienes dan cuenta de cómo y porque sucedió. Son quienes narran, recuerdan y comparten y confluyen con otras experiencias que apuntan a un mismo hecho o hito, pero que para los más jóvenes se pueden convertir en nuevos conocimientos que jamás aprendieron en los libros, la escuela o las universidades.

La memoria histórica como fuente de conocimientos y saberes para la educación
Uno de los grandes inconvenientes que presentan los contenidos curriculares en los países latinoamericanos, especialmente, en Colombia, es la no concepción de los contenidos a partir de los contextos locales sino a partir de necesidades y experiencias de otros países.

En Colombia, por ejemplo, el modelo educativo es una adaptación de los modelos europeos y de Estados Unidos, principalmente, y en las instituciones municipales de educación municipal, se puede encontrar con mallas y currículos académicos con innumerables contenidos que sobrecargan de información a los estudiantes, pero en la práctica no contribuyen en la vida diaria de quienes estudian.

Por ejemplo, los estudiantes de los sectores rurales dan mayor información de los procesos históricos europeos y nacionales, pero no saben quiénes fundaron su vereda o porque lleva el nombre que tiene.

A partir de los saberes, la memoria histórica y cultural es posible identificar una gran cantidad de contenidos educativos que perfectamente pueden servir para contextualizar los procesos de aprendizaje en el aula y dar sentido de los lugares donde se habita.

Conocimientos y saberes de la memoria histórica permiten la dignidad humana
Valorar la memoria histórica y cultural implica reconocer los conocimientos y saberes locales que hacen parte de las comunidades y que, por ende, permiten resaltar la dignidad humana, toda vez que, alude a la libertad, la moral y la inteligencia individual y colectiva.

Tomar como referente esos conocimientos y saberes es una apertura para contraponer los contenidos y discursos dominantes que desde hace siglos se han considerados como verdaderos y sin posibilidades de ser comprobados desde lo científico.

Desde la dignidad humana, la memoria histórica y cultural, se convierte en el centro de lo humano y en el centro del mismo mundo, al menos, de los lugares donde se construyen, interpretan y relacionan los sentidos de la vida.

Además, el uso práctico de esos conocimientos en los procesos de educativos, informacionales, culturales y sociales posibilitan una equidad humana que no marcaría diferencias entre quienes pudieron formarse en las universidades y quienes se formaron a través de la experiencia y la vida, eso sería, sin duda, una práctica de dignidad humana.


MarketingPolitico

Nací el 1 de enero de 1984. Mi infancia fue una de las mejores, la viví junto a mi familia en los hermosos y verdes campos de la vereda San Marcos del municipio de Pupiales, donde aprendí el valor insuperable del campesino y su sabiduría A los seis años ingresé a estudiar mi primaria en la Escuela Rural Mixta San Marcos, que está ubica a cinco minutos de la casa de mis abuelos, donde crecí y compartí varios años de mi vida. A los 11 ingresé al bachillerato en el Colegio Departamental Los Héroes donde perfilé mi destino y decidí al final, estudiar Comunicación Social-Periodismo en la ciudad de Pasto. Me gradué como profesional el 1 de diciembre de 2006. En el 2009, la Universidad Andina Simón Bolivar, sede Ecuador, me concedió una beca completa para estudiar la maestría en Estudios Latinoamericanos, la cual terminé en el 2009. También obtuve una beca para realizar mi tesis de maestría. Mi vida profesional está marcada por experiencia como consultor, docente y actualmente, emprendedor y empresario de Nariño-.