Alimento de los abuelos: calabaza blanca para vivir bien

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Alimento de los abuelos. La calabaza blanca es uno de los alimentos más representativos en la memoria y la gastronomía de los abuelos y abuelas de los sectores rurales. ¡Abuelos que se respeten comieron calabaza!

Alimento de los abuelos: calabaza blanca para vivir bien

A inicios del siglo 20, cuando nuestros abuelos y bisabuelos nacieron, en los sectores rurales no había carreteras, no había arroz, azúcar, sal, peor medios de transporte como los que tenemos hoy en día. Todo estaba más lejos y todo se demoraba más.

Por aquel entonces, viajar de una vereda a otra, era más difícil y tomaba más tiempo, todo se hacía caminando y sólo algunos, los más privilegiados tenían caballos, para transportarse, pero por caminos extremadamente estrechos, en mal estado, cuando llovía, el barro, el lodo llegaba hasta las rodillas. En realidad, era toda una odisea caminar por esos senderos.

En esos tiempos, la gente permanecía en sus casas, en sus fincas, cultivando sus alimentos y viviendo de lo que ofrecía el campo. Así, la alimentación estaba regida por los productos locales, los que se daban en la finca, unos se cultivaban y otros crecían de manera silvestre, como las calabazas blancas, un tipo de calabaza que crece y da frutos en las hileras, las zanjas o en medio del maíz.

Mi abuela quien nación en 1925, me cuenta que, cuando era niña comían calabaza entre 3 y 2 veces por semana, porque había cientos de calabazas en los potreros, los árboles, las zanjas. La preparaban con sal o dulce, y la consumían en unos platos grandes, de 1 litro.  Honestamente, eran muy pocas las personas que no les gustaba la calabaza, contrario, se quedaban sin comer durante todo el día. “Que vayan donde los vecinos para que les den ponqué”, recuerda mi abuela que les decían los papas a quienes no querían comer calabaza.

La calabaza blanca que es muy común en el clima frio, se preparaba con leche, al estilo del morocho o mazamorra, se le agregaba maíz tostado para que adquiera un sabor incomparable, al combinarse con lo dulce de la calabaza y lo salado del tostado. Esto lo hacían con calabazas maduras o sarasas.

Con las calabazas blancas tiernas o locreras, se hacían sopas como el locro o juanesca, se cocinaban junto a habas tiernas, ullocos, choclo o mazorca, ocas, papa amarilla, papa blanca. Una delicia. Consumían esta sopa con sal de grano que cargaban hombres y mujeres a la espalda desde los centros urbanos, igual que la panela.

También preparaban dulces porque este tipo de calabaza es fibrosa y dulce cuando está madura. En otros países se las utiliza para la repostería, y se la conoce como cabello de ángel, zambo, calabaza victoria, mexicano, chilacayote.

En los sectores rurales, este tipo de calabaza blanca, se constituyó uno de los principales alimentos de los abuelos que garantizó la seguridad y soberanía alimentaria, además, garantizó una alimentación sana y noble.

Tras el alimento de los abuelos, la calabaza blanca, están las historias, vivencias, amistades, el trabajo arduo y la solidaridad como un aliciente del bien común, los bienes públicos, la política y el buen vivir.

Si somos agradecidos con nuestros bisabuelos, abuelos, nuestro trabajo sería conmemorar su vida y su trabajo, recuperando la calabaza blanca como uno de los principales alimentos en nuestra dieta para honrrarlos y alimentarnos bien.


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Nací el 1 de enero de 1984. Mi infancia fue una de las mejores, la viví junto a mi familia en los hermosos y verdes campos de la vereda San Marcos del municipio de Pupiales, donde aprendí el valor insuperable del campesino y su sabiduría A los seis años ingresé a estudiar mi primaria en la Escuela Rural Mixta San Marcos, que está ubica a cinco minutos de la casa de mis abuelos, donde crecí y compartí varios años de mi vida. A los 11 ingresé al bachillerato en el Colegio Departamental Los Héroes donde perfilé mi destino y decidí al final, estudiar Comunicación Social-Periodismo en la ciudad de Pasto. Me gradué como profesional el 1 de diciembre de 2006. En el 2009, la Universidad Andina Simón Bolivar, sede Ecuador, me concedió una beca completa para estudiar la maestría en Estudios Latinoamericanos, la cual terminé en el 2009. También obtuve una beca para realizar mi tesis de maestría. Mi vida profesional está marcada por experiencia como consultor, docente y actualmente, emprendedor y empresario de Nariño-.